Será un imperativo, pues, que el Alcalde electo pueda construir los acuerdos que garanticen una gestión municipal ágil, dinámica y viable; y será necesario, también, que los concejales tengan la capacidad de demostrar una conducta ética en lo político y responsable con la ciudad que les confirió el mandato que ostentan.
El oficialista Movimiento Al Socialismo volvió a sufrir ayer, según coinciden todos los cómputos extraoficiales, un revés político en la ciudad de Sucre, Capital del Estado, al perder la elección del Alcalde que deberá completar el actual período constitucional, en reemplazo legal del Jaime Barrón, quien fuera suspendido por una maniobra político-legal del partido gobernante pocos días después de asumir el principal cargo ejecutivo del Gobierno Municipal.
El resultado de la votación de ayer es –qué duda cabe– producto del acuerdo alcanzado a última hora (tan solo dos días antes del cierre del período destinado a la campaña electoral) entre los dos principales frentes opositores que se disputaban la Alcaldía de Sucre: la agrupación LIDER, del ganador Moisés Torres Chivé, y la alianza PAIS-Unidad Nacional (UN), cuyo candidato decidió dar un paso al costado y pedir a sus simpatizantes apoyar en las urnas al primero.
Hasta antes de que se produzca ese acuerdo, todas las encuestas y proyecciones electorales, que no fueron hechas públicas debido a una prohibición legal, auguraban una cómoda ventaja al partido oficialista y a su candidato Iván Arciénega. Demás está recordar que Arciénega gozaba del respaldo de la sólida estructura política del partido gobernante y de todo el aparato propagandístico y humano que ello representa, a lo que no puede dejar de añadirse la inusitada presencia del Presidente Evo Morales en el último tramo preelectoral, ya sea para entregar obras de carácter urbano o para asistir a las principales concentraciones proselitistas de su partido.
Estaba visto, pues, que la apuesta oficialista para obtener una victoria que al final no consiguió estaba fundada, principalmente, en la dispersión del voto opositor; una realidad que fue asimilada tardíamente por dos de los cinco frentes y/o agrupaciones rivales al partido de gobierno.
La ciudad de Sucre estaba ante el mismo fenómeno político de la elección municipal de 2010, cuando el suspendido Jaime Barrón ganó cómodamente el sillón edil pero no consiguió una mayoría en el Concejo Municipal, donde apenas obtuvo (al igual que el MAS) cuatro de los once curules. Los restantes tres concejales terminaron constituyéndose en el factor de desequilibrio político, y consiguientemente de ingobernabilidad municipal, en ese órgano deliberante.
Y será ese mismo Concejo Municipal –porque el día de ayer sólo se eligió Alcalde– donde quedará depositada la viabilidad o inviabilidad de la gestión municipal que vaya a encabezar la nueva autoridad ejecutiva.
Será un imperativo, pues, que el Alcalde electo pueda construir los acuerdos que garanticen una gestión municipal ágil, dinámica y viable; y será necesario, también, que los concejales tengan la capacidad de demostrar una conducta ética en lo político y responsable con la ciudad que les confirió el mandato que ostentan. Lo contrario pondría nuevamente al Municipio de esta Capital ante una parálisis institucional de lamentables consecuencias para el conjunto de la ciudad de Sucre.
Pero todo lo anteriormente dicho será posible en la medida en que el partido de Gobierno demuestre su vocación democrática y sea capaz, esta vez, de respetar la voluntad democrática emergida de las urnas.
El oficialista Movimiento Al Socialismo volvió a sufrir ayer, según coinciden todos los cómputos extraoficiales, un revés político en la ciudad de Sucre, Capital del Estado, al perder la elección del Alcalde que deberá completar el actual período constitucional, en reemplazo legal del Jaime Barrón, quien fuera suspendido por una maniobra político-legal del partido gobernante pocos días después de asumir el principal cargo ejecutivo del Gobierno Municipal.
El resultado de la votación de ayer es –qué duda cabe– producto del acuerdo alcanzado a última hora (tan solo dos días antes del cierre del período destinado a la campaña electoral) entre los dos principales frentes opositores que se disputaban la Alcaldía de Sucre: la agrupación LIDER, del ganador Moisés Torres Chivé, y la alianza PAIS-Unidad Nacional (UN), cuyo candidato decidió dar un paso al costado y pedir a sus simpatizantes apoyar en las urnas al primero.
Hasta antes de que se produzca ese acuerdo, todas las encuestas y proyecciones electorales, que no fueron hechas públicas debido a una prohibición legal, auguraban una cómoda ventaja al partido oficialista y a su candidato Iván Arciénega. Demás está recordar que Arciénega gozaba del respaldo de la sólida estructura política del partido gobernante y de todo el aparato propagandístico y humano que ello representa, a lo que no puede dejar de añadirse la inusitada presencia del Presidente Evo Morales en el último tramo preelectoral, ya sea para entregar obras de carácter urbano o para asistir a las principales concentraciones proselitistas de su partido.
Estaba visto, pues, que la apuesta oficialista para obtener una victoria que al final no consiguió estaba fundada, principalmente, en la dispersión del voto opositor; una realidad que fue asimilada tardíamente por dos de los cinco frentes y/o agrupaciones rivales al partido de gobierno.
La ciudad de Sucre estaba ante el mismo fenómeno político de la elección municipal de 2010, cuando el suspendido Jaime Barrón ganó cómodamente el sillón edil pero no consiguió una mayoría en el Concejo Municipal, donde apenas obtuvo (al igual que el MAS) cuatro de los once curules. Los restantes tres concejales terminaron constituyéndose en el factor de desequilibrio político, y consiguientemente de ingobernabilidad municipal, en ese órgano deliberante.
Y será ese mismo Concejo Municipal –porque el día de ayer sólo se eligió Alcalde– donde quedará depositada la viabilidad o inviabilidad de la gestión municipal que vaya a encabezar la nueva autoridad ejecutiva.
Será un imperativo, pues, que el Alcalde electo pueda construir los acuerdos que garanticen una gestión municipal ágil, dinámica y viable; y será necesario, también, que los concejales tengan la capacidad de demostrar una conducta ética en lo político y responsable con la ciudad que les confirió el mandato que ostentan. Lo contrario pondría nuevamente al Municipio de esta Capital ante una parálisis institucional de lamentables consecuencias para el conjunto de la ciudad de Sucre.
Pero todo lo anteriormente dicho será posible en la medida en que el partido de Gobierno demuestre su vocación democrática y sea capaz, esta vez, de respetar la voluntad democrática emergida de las urnas.


